Reflexión Bíblica   Imprimir     Enviar a un amigo

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.“
Juan 5:39


Durante años escuché a muchos creyentes citar éste pasaje para animar a otros a escudriñar las Escrituras, sin embargo, si leemos el pasaje siguiente podemos descubrir que lo que el Señor estaba realmente haciendo era reprender a un pueblo que de alguna manera había descuidado la vida para procurar el conocimiento.

De alguna manera la iglesia de nuestros días ha caído en esta misma confusión, haciendo un desmedido énfasis en la enseñanza de las Escrituras y descuidando lo más importante: el cultivar la vida. Es decir, el problema no está en que escudriñemos las escrituras, a decir verdad esto es imperativo en la vida de todo creyente (Sal 1:2, Hch 17:11). Las Escrituras son la armadura del creyente y un testigo fiel que le guarda y apercibe de los engaños y falsas doctrinas que el enemigo astutamente nos invita a creer.

Todos quisiéramos vivir conforme a todo lo descrito en las Escrituras, el problema radica en creer que el conocer "lo que debo ser" me llevará a “ser”, cuando en realidad esto solo puede lograrse a través de la vida de Dios cultivada en la intimidad con Él y en la vida de iglesia, es decir, en la comunión con sus santos (su cuerpo). Todo lo que yo logre cumplir por mi esfuerzo y disciplina me llevará a vivir una vida de apariencia más no de transformación. Tal era el caso de los fariseos, quienes a pesar de que conocían la ley y la guardaban aún mejor que muchos de nosotros, nunca entendieron ¡Que no había vida en ellos!

Las Escrituras no deben ser tomadas como un manual de conducta que debamos obedecer sino la revelación del proyecto eterno de Dios en Cristo Jesús y el testimonio de su vida, la cual en algún momento, en la medida que la cultivemos, llegará a ser una realidad y un cumplimiento también en la vida del creyente. ¿Como puede ser esto posible?, te pondré un ejemplo simple:

Cuando rendi mi vida a Cristo en 1998 yo no conocía las Escrituras, de hecho no recuerdo haber tenido Biblia antes de ese año, sin embargo, a las escasas semanas de haber recibido la vida del Señor en mi y experimentado un nuevo nacimiento, se despertó un deseo ferviente en mi corazon por amar a mi projimo, por perdonar a los que tantas veces me ofendieron, por compartir con otros mi fé, y muchos otros mandamientos que estaban escritos en la Biblia y que todavía yo desconocía. Posteriormente, al estudiarla, con gran asombro pude ver mi vida reflejada en estos pasajes. La vida de Dios comenzaba a dar sus frutos y con ella, ¡el cumplimiento de las Escrituras!

Como escuché decir alguna vez a Josh Macdowell en alguna de sus conferencias, el Cristiano no evita la mentira porque la Biblia diga que tiene que hacerlo, sino porque Dios ES Verdad, no ama a su projimo porque la Biblia lo menciona sino porque Dios ES Amor, no perdona a quien le ofende porque la Biblia lo demande, sino porque Dios ES Misericordia. Somos portadores de su vida, una vida superior e incorruptible que en la medida que la procuremos se manifestará poderosamente con todos sus frutos.

La gente allá afuera no está buscando quién aclare sus dudas teológicas, no está buscando argumentos que los convenzan, ¡ellos anhelan ver a Dios!. ¡Que sea Su vida y no el conocimiento lo que nos haga resplandecer en medio de los incrédulos! ¡Que seamos conductos de su amor en medio de tanta indiferencia!. ¡Que el Señor transforme nuestras vidas con su naturaleza incorruptible!

”Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”
Juan 10:10

 

Por Rodrigo Aguilera